
sábado, junio 19, 2010
La muerte de Saramago en el estudio de los Dres. Carrega.

El doctor Carrega padre lleva un buen rato de pie con el ceño fruncido y los ojos perdidos sobre unos papeles en su escritorio, pero no parece estar viéndolos realmente, piensa en otra cosa, otros papeles acaso guardados en una carpeta azul, naranja, o amarilla en algún rincón de esta habitación o de otra parecida, un comportamiento muy común en abogados de más de cincuenta años.
Su hijo, el doctor Carrega hijo, entra ahora a la oficina y se acerca a su padre, llega tan cerca como el escritorio se lo permite y habla, Papá, su voz sale algo quebrada, porque son las primeras palabras que pronuncia en el día, despertó y dijo Papá, pero no se percata de esto, tampoco el doctor Carrega padre (él tiene menos chances, claramente), aclara la garganta y vuelve a empezar, Papá, murió Saramago, ¿¡Qué?!, sí, anoche, o esta mañana, no sé, Ah, no, no, no, sí, no, no, no… no está dicha la última palabra, esto lo vamos a apelar. El doctor Carrega hijo achinó los ojos como ajustando la frecuencia, Papá,…nada.
jueves, junio 17, 2010
viernes, abril 23, 2010
viernes, noviembre 27, 2009
domingo, noviembre 22, 2009
lunes, octubre 19, 2009
sábado, octubre 17, 2009
martes, octubre 13, 2009
miércoles, octubre 07, 2009
martes, septiembre 29, 2009
miércoles, septiembre 23, 2009
martes, septiembre 22, 2009
200
Tierras de poniente, de J.M. Coetzee

Recorte genial de mi última lectura…
“En cambio Klawer, después de tender nuestra ropa, se acuclilló con desaliento frente a las llamas, abrazando su cuerpo desnudo y tostándose la piel. A ese error, unido al error de llevar puesta ropa mojada, atribuyo su enfermedad. Aquella noche no consiguió entrar en calor, sino que se arrebujó contra mí presa de violentos temblores. Por la mañana tenía fiebre y nada de hambre. Como yo no tenía conocimientos de herbolario, lo llené de agua caliente y lo mantuve bien tapado. Pero el fuego no le dio ningún calor interior, y se pasó otra noche temblando. También descendió un rocío abundante, que difundió una sutil humedad. Él tosía con aspereza y sin parar. Me decepcionó no ver ninguna fe en sus ojos. Si él hubiera creído en mí, o en cualquier otra cosa, se habría recuperado. Pero tenía constitución de esclavo, era resistente a los golpes cotidianos de la vida pero frágil en el desastre.”
Domingo a la mañana
La mañana del domingo 20 de septiembre de 2009 Mare Carranza tomaba mate en el muelle y miraba y escuchaba y olía.
viernes, agosto 28, 2009
Hermana:

Cerramos la puerta de tu habitación, porque vos estas de viaje, y el calor que a duras penas larga este dragón por la boca cuando con mamá tiramos fuerte de la cuerda que le tenemos anudada a la garganta, se nos va para allá, a tu espacio, que estos días está irreconocible de quietito y parece una laguna, hasta que vuelvas con el envión de la montaña rusa a volarle los patos de una sonrisa.
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